lunes, 1 de octubre de 2007

Ruta


Fermín, Alejandro, Raúl y Nicolás viajan en auto por una ruta. A ambos lados se extiende un desierto. Los cuatro imaginan lo mismo: solos entre los médanos de arena, las gargantas secas, y cada vez que tragan un poco de saliva, sienten una avalancha de rocas que caen desde la cima de una montaña.
Nicolás maneja, Raúl fuma y preferiría ir en un camello, Alejandro duerme y Fermín mira la nuca de Nicolás, ve los pelos sobre el asiento, piensa que se parecen a una cascada congelada.
Los cuatro están callados. No se pusieron de acuerdo qué música escuchar. Unos minutos antes Raúl tiro la radio por la ventana. Alejandro gritó e intentó bajar del auto en marcha, pero prefirió cerrar los ojos. Fermín permaneció en silencio y después de ver como se rompía la radio en el asfalto empezó a rasgar el tapizado con la uña.
Nicolás fue el que más gritó, hasta rompió el espejo retrovisor. Ahora piensa que si tuviese un arma le dispararía a sus amigos en las sienes, escondería los cuerpos en el desierto, seguiría viaje hasta algún bar, se sentaría en una mesa bajo el sol y pediría una gaseosa.

sábado, 15 de septiembre de 2007

lunes, 10 de septiembre de 2007



"Bella como el encuentro fortuito de una máquina de coser y un paraguas sobre una mesa de disección"
Lautréamont

domingo, 9 de septiembre de 2007

Sentada

¿Qué lee la mujer sentada en la silla? ¿Tiene importancia lo que lee? ¿Esta esperando a alguien y aprovecha a leer algunas líneas? Si espera a alguien, ¿la lectura tendrá relación con esa persona que aún no llega?
Pero si esta leyendo su diario íntimo... ¿qué habrá escrito? ¿Una poesía, un relato, una oración? Quizás sea lo que vivió ayer, ¿será importante o es algo que olvidará en unas horas? ¿Contará algún desamor o como dejó que se enfrié el té que no bebió en el desayuno?
¿Qué lee la mujer sentada en la silla? ¿Y si sólo finjé leer?... No parece que actue; ella lee; ¿qué?

viernes, 7 de septiembre de 2007


Hoy cuando fui a darles de comer a mis peces, y subían a la superficie a buscar el alimento, uno de ellos se dio vuelta, panza arriba, y flotó por toda la pecera. Lo miré un ratito y cuando ya no había comida, me di cuenta que estaba muerto.

domingo, 5 de agosto de 2007

Corta tomates y lechugas

Se sienta, da una pitada a su cigarrillo a punto de consumirse, inhala y exhala aire tres o cuatro veces e intenta escribir.
Recuerda la visita de Javier por la mañana. “Tomo un café y me voy”, había insistido él; para acompañar el desayuno llevó una docena de facturas. De la mochila sacó unos cuadernos y le pidió que le explicase el uso del sujeto y el predicado. Ella, María, bebió su café en silencio, comió dos medias lunas, mientras que él le señalaba algo en la hoja:
-Acá, por ejemplo, ¿está bien hecho?- María no contestó, dio el último sorbo al café- ¿Y, está mal, no?
-¿Para qué estás cosas? Era un café, tomalo, te espero a que lo termines y nos vamos. Dale, se enfría.- concluyó y se levantó a acomodar unas cosas que estaban dispersas en la mesada.
Él saltó sobre ella, le subió la pollera y la cogió. María no se resistió, y siguió guardando las cosas. Javier se sentó, bebió el café y fumó.
-Me voy, cerra la puerta cuando te vas.
Fue al trabajo, acomodó papeles, el jefe le reprochó su ineficiencia, archivó carpetas e hizo llamados
Ahora mira la máquina de escribir, sus manos sobre las teclas, tomo de un trago el whisky y escribe: “Guarda las cosas en la heladera. Tira papeles en la basura. Pone las lapiceras en el cajón y margaritas en el florero. Cierra las puertas de la alacena.” María levanta la vista, mira la puerta que da al comedor. Sabe que está ahí, hace milanesas y corta tomates y lechugas. Saque el papel y lo pone en un costado. Se levanta, se estira la pollera, agarra el vaso vacío y sale.

miércoles, 1 de agosto de 2007

En la ventana


Se despierta temprano. Se viste con la ropa que usa los lunes y se dirige al sillón que está junto a la ventana. Se sienta y espera a que la mucama le traiga el desayuno: café y algunas tostadas con manteca. Prende un cigarrillo, da una bocanada y lo pone en el cenicero, deja que se consuma. Mira a través de la ventana, con la cabeza inclinada y una mano encima de la otra.
-¿Dormiste bien?- le pregunto, resistiendo a bostezar- Me duele el cuello, estoy un poco contracturado… Tendría que ir al masajista, ¿qué decís?
La mucama pide permiso para entrar. Adelante, le digo y me acomodo en la pared. Entra, deja la bandeja con el desayuno y sale.
-¿Qué decís? Tendría que ir al masajista- le repito-, ¿no? Con este calor, me duele la espalda y el cuello. No sé qué pasa. También me despierto traspirado. ¿Voy no? Más bien al médico tendría que ir.
-Si, al médico-, dice secamente.
Desayunamos. Ella come una tostada, da un par de sorbos a su té.
Me visto. La beso en la cabeza y le digo:
-Me voy. Quizás después de trabajar pase por el masajista. O por el médico, si consigo turno.